DISPLASIA DE CADERA

Debido a una mala conformación de las estructuras que forman la cadera (acetábulo de la pelvis y cabeza-cuello del fémur) se produce un mal encaje entre esas estructuras por lo que hay fricción entre las superficies articulares. Este rozamiento provoca un desgaste prematuro del cartílago con dolor e incluso desprendimiento de fragmentos de ese cartílago que al osificarse dentro de la cavidad articular provocará mayor dolor y desgaste.

Los animales afectados de displasia de cadera manifiestan molestias al levantarse y especialmente para subir escaleras o al sofá pues es cuando más se apoyan en el tercio posterior.
El diagnóstico es muy sencillo mediante radiología, aunque en ocasiones hay que dormir al animal para obtener una buena toma. Es un defecto hereditario por lo que se deberían apartar de los planes de cría tanto los machos como hembras que presenten ese defecto.
El tratamiento consiste en condroprotectores y anti-inflamatorios no esteroideos.

Con esto se consigue que no se agrave el proceso y que nuestro Bull tenga menos dolor y más calidad de vida. En casos graves se puede intentar la colocación quirúrgica de una prótesis de cadera.

La displasia de cadera no es una enfermedad congénita, pues no puede detectarse en el momento del nacimiento del cachorro, sino que se manifiesta a nivel que el cachorro va creciendo y se desarrolla. El paciente ya desde muy joven presenta una inestabilidad articular, con laxitud de los tejidos blandos periarticulares que permite la subluxación de la cabeza del fémur durante los primeros meses de vida, de modo que se genera una escasa profundidad del acetábulo y cambios degenerativos en la cabeza del fémur, dando lugar a una osteoartrosis secundaria y progresiva que siempre evoluciona a peor.
 
Se trata de una enfermedad de origen multifactorial y poligénico, lo cual dificulta la eficacia de los programas de erradicación. La heredabilidad en la displasia de cadera es de aproximadamente el 60 %, es decir, un animal libre de displasia sólo tiene una probabilidad del 60 % de tener descendencia libre de displasia.
 

Tiende a presentarse en perros de razas grandes, bien alimentados y de rápido desarrollo. Un crecimiento excesivamente rápido favorece la  aparición de displasia, porque el desarrollo de la masa muscular no se corresponde con el crecimiento del cachorro. El ejercicio excesivo en fases tempranas del desarrollo también tiene un efecto negativo.

La clasificación en España para la displasia de cadera se mide por letras, según su gravedad:

A y B - Caderas normales: No se aprecian signos de displasi en el examen radiográfico o con pequeños matices. Los perros con estos grados son considerados aoptos para la cría y se les denomina popularmente "libres de displasia" aunque realmente no sea del todo cierto.

C - Signos leves de displasia. Lo ideal es que los perros con este grado sean retirados de la cría y sean tan solo animales de compañía, aunque no precisen de tratamiento ni presenten síntomas.

D - Signos moderados de displasia. Estos ejemplares deben ser retirados de la cría y precisarán tratamientos y posiblemente cirugía.

E - Signos granves de displasia, pudiendo aparecer además artrosis. Estos ejemplares deben ser retirados de la cría y precisarán tratamientos y posiblemente cirugía.