HERNIA DISCAL

La columna esta formada por las vértebras, estas sumadas entre si forman un canal que alberga y protege una estructura muy delicada, la medula espinal. La columna vertebral tiene movimientos en todas las direcciones ya que las vértebras no están soldadas entre si, sino que están articuladas. Entre cada vértebra hay una formación llamada disco intervertebral, cuya función es la de amortiguar los impactos que recibe la columna con la actividad física. 
Finalmente la estructura más importante, la médula espinal, es una prolongación del cerebro y, semejante a un cable con millones de conductores, lleva la información desde la cabeza a todo el cuerpo. Cuando por alguna razón, la médula se comprime o se daña, hay una interferencia en la transmisión de los impulsos nerviosos, y resulta dificultoso o imposible que los músculos respondan a las órdenes del cerebro.

Esto hace que nuestro perro tenga dificultades para caminar o en el peor de los casos que no lo pueda hacer. La hernia discal es una enfermedad degenerativa que afecta a los discos intervertebrales y que resulta en un abultamiento o salida del material discal en el canal vertebral, causando así compresión en la médula espinal. Esta compresión puede causar parálisis en los miembros anteriores, posteriores o incluso en los cuatro.

La columna vertebral del perro está formada por:

7 vértebras cervicales, 13 vértebras torácicas, 7 vértebras lumbares, 3 vértebras sacras y la médula espinal que recorre en su gran proporción las vértebras anteriores.

La columna vertebral del perro está formada por:

  • 7  vértebras cervicales,
  • 13 vértebras  torácicas
  • 7  vértebras  lumbares
  • 3  vértebras  sacras
  • de 20 a 23 vértebras  caudales
  • y la medula espinal que recorre en su gran proporción las vertebras.

Los cambios degenerativos del disco intervertebral se pueden observar en cualquiera de los discos intervertebrales, aunque con mayor frecuencia los segmentos medulares mas afectados son cervical, torácico caudal y lumbar. Las hernias discales son la mayor causa de parálisis de los miembros posteriores en los perros.

Una hernia discal puede aparecer cuando el perro sufre un golpe, una caída o un traumatismo que afecte los discos de su columna. Muchas veces el perro puede tener descalcificados los discos, esto conlleva a que por un movimiento brusco, caída o golpe sufra una hernia discal. Hay varios tipos de hernia discal:

  • Hansen tipo I: son las que corresponden a razas condrodistróficas (pequeñas, columna larga y piernas cortas) como el caniche, téckel, pequinés, cocker, en animales jóvenes de 2 a 6 años. Se produce una degeneración condroide del núcleo pulposo con una posible calcificación de éste (metaplasia condroide). El núcleo se convierte en material cartilaginoso, se endurece y hace que las fibras dorsales del disco se rompan y que el material salga al canal intervertebral (extrusión hacia el canal medular) dando una compresión aguda y focal. Producido por movimientos bruscos en la columna tales como: saltos, caídas, golpes o, subidas y bajadas del sofá. La compresión es aguda aunque el problema puede ser debido a, una causa aguda o, una evolución de micro traumatismos.
  • Hansen tipo II: corresponden a razas grandes no condrodistróficas como el bóxer, labrador, pastor alemán, rotweiler...en animales adultos de 5 a 12 años. La evolución es lenta al largo de su vida y los problemas salen más tarde. Se genera una protusión gradual del contenido del anillo fibroso discal que se ha ido degenerando a lo largo del tiempo (metaplasia fibrosa). El material está intacto; se produce una compresión focal, lenta y progresiva (mielopatía) 
  • Hansen tipo III: son extrusiones agudas, severas y que cursan con mielomalacia progresiva generando en muchos casos la muerte del animal.

 

Los síntomas clínicos que se muestran son:

  • Dolor. El ffrenchie adopta posturas antialgicas debido a las reacciones inflamatorias (baja cabeza y curva la espalda).
  • Disminución de la propiocepción. El animal se deja una pata, es incapaz de ponerla de forma correcta, incluso la arrastra y tiene dificultad para mantener el equilibrio.
  • Pérdida de la sensibilidad en la zona lesionada y en las extremidades.
  • Incontinencia urinaria y/o fecal o retenciones.
  • Alteración del tono muscular, disminución de la masa y la fuerza.

 

Cómo se diagnostica: 

Mediante radiografia de la columna se puede ver si existe una disminución del espacio intervertebral, pero no es posible saber cómo están los discos intervertebrales a no ser que estén calcificados, por lo que es dificil ver el material herniado y se hace necesaria la mielografia. La mielografia permite ver mediante contraste alredor de la médula y la silueta de la misma. Recorre su contorno permitiendo así saber donde se encuentra la compresión. También se puede complementar con un TAC y con una resocnancia Magnética Nuclear.